La misma historia

“Nada ha cambiado, la Policía investigadora se dio por vencida y me pidió que yo investigara, que les informara avances, hoy fui a Semefo, se formarán mesas de diálogo para atendernos”.

Hace un año conocí a don Joel para saber la historia de su hermano desaparecido el 25 de enero de 2016 en Atotonilco El Bajo. Don Joel acudió el pasado viernes, como cientos de personas, al Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses para continuar con su propia investigación. A través de un mensaje de texto, me informó de los nuevos pasos que daba. Luego de la desaparición, quiso interponer la denuncia en Villa Corona pero no existía Ministerio Público; lo mandaron a Acatlán y Tlajomulco sin resultados, sólo en Guadalajara pudo lograrlo. Siempre anotando cualquier detalle en una libreta, como un investigador profesional.

En aquel tiempo las autoridades de Jalisco anunciaban la llegada de Teresa Medina como titular de la Fiscalía Especializada en Personas Desaparecidas, “única en su tipo” a nivel nacional y dependiente de la Fiscalía General. Hacían honor al cúmulo de palabras contenidas en el decreto publicado en abril de 2017: “…a fin de afrontar el fenómeno criminal de desaparición de personas, forzada e involuntaria, con medidas estructurales y de política criminal, con contenido metodológico, recursos técnicos y humanos calificados, con un enfoque más amplio para buscar a las personas desaparecidas, investigar los hechos y atender con sensibilidad a las víctimas…”.

Dos meses después, la responsable en el cargo renunció. La razón no era para menos: la falta de personal, recursos y el poco interés de quienes la nombraron por modificar el escenario en el que tenía que trabajar.

Pasó un año para volver a saber de don Joel, de su hermano desaparecido y del común denominador de las personas que buscan a sus familiares: sin avances.

Aquella novedad de la Fiscalía Especializada, que colocó a Jalisco como pionero en México, se esfumó con el trato indigno a los cuerpos sin reclamar en cajas de tráileres deambulando. El Gobierno agónico “del Bienestar” que encabeza Aristóteles Sandoval no pudo cerrar peor su último año que con el mal manejo de la información en el caso de los estudiantes de cine de la Universidad de Guadalajara desaparecidos en marzo, los bloqueos en la ciudad por parte de bandas criminales, en mayo pasado, tras el atentado al entonces secretario del Trabajo, Luis Carlos Nájera, y ahora el maltrato a los cadáveres no identificados.

Por más que quisieron darle la vuelta al problema de la desaparición, reconocer una cifra “oficial” que ronda los tres mil y que contrasta con la de colectivos que señalan más de cuatro mil, la realidad es que nuestro Estado e historias como las de don Joel se volvieron el referente, símbolo y representación de las heridas más grandes de nuestro país: violencia, desapariciones, omisión e incapacidad de las autoridades y una enorme y cruel desesperanza en el futuro.

(puntociego@mail.com)

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