La libertad de conciencias y la maternidad libre y por elección

Con respecto a lo ocurrido en el ITESO, me quedo con una frase que para mí, lo resume todo: “No hay mayor respeto que el respeto a la libertad de conciencias”.  Así lo expresó el rector José Morales Orozco, durante el polémico diálogo “Derecho a Decidir: Implicaciones de la despenalización del aborto”.

Tanto la institución como el propio rector son claros: la postura de la universidad, de origen católico, es que la vida humana es sagrada y debe ser cuidada y respetada siempre. Me parece que nadie esperaba menos de una universidad con bases jesuitas.

Lo que sí esperábamos, y finalmente pasó, fue que precisamente una universidad, formadora de mentes libres, con criterio propio, priorizara la apertura al diálogo para reflexionar sobre un tema de actualidad y que genera interés público.

El esfuerzo, principalmente de las alumnas, hizo posible que se desarrollara el encuentro, en un auditorio con mayor capacidad al que se programó originalmente. La ola verde llegó al ITESO mediante una audiencia casi perfectamente uniformada de jóvenes interesados en el tema.

Se puede o no estar de acuerdo con lo dicho en el foro, pero que la comunidad universitaria hiciera valer su derecho a apropiarse de un espacio seguro para el intercambio de ideas, para forjar un criterio bien informado sobre aspectos que les preocupan, no debe ser subestimado, negociable o sujeto las presiones de ningún grupo. Menos si ese grupo descalifica y pretende anular los derechos de las personas que no piensan igual. Bien por el ITESO.

También quiero dedicar este espacio a todas las mujeres que participaron en la marcha del viernes 28 de septiembre, Día Internacional por el Aborto Seguro. Qué valor se requiere para salir a las calles en medio de una profunda crisis de violencia y odio que pareciera generalizado  -basta ver las reacciones en redes sociales a las noticias de la marcha- a reclamar derechos fundamentales para consolidar una democracia incluyente, igualitaria.

Destaco tres peticiones básicas de quienes se unieron a este movimiento internacional y que cobró fuerza en Argentina e Irlanda: educación sexual, mayor disponibilidad de anticonceptivos seguros y aborto legal, seguro y gratuito.

La penalización del aborto conlleva un problema de salud pública debido a las  muertes de mujeres que pretenden abortar en condiciones insalubres; de desigualdad porque esas mujeres generalmente vivían en situaciones desfavorables. Ni hablemos del creciente número de niñas y adolescentes embarazadas, que son obligadas a gestar y dar a luz sin importar sus circunstancias. México ocupa el penoso lugar en este índice.

Los derechos reproductivos de las mujeres no sólo no deben ser una cuestión pública sino que no deben de depender de la clase social, la religión, la posición económica o cualquier otro factor de desigualdad.

El aborto no es obligatorio, pero el derecho a decidir cuándo y cómo ser madre, debería garantizarse sin condicionamientos, porque la maternidad debe ser deseada o no debe ser.

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