Volvió a arder la llama olímpica en conmemoración de los juegos de México 68

Arropados por un sol radiante que aguardó su llegada para brillar, cientos de figuras que dejaron huella en los Juegos Olímpicos México 68 desfilaron cinco décadas después por la pista de tartán de Ciudad Universitaria hasta enlazarse en los arcos olímpicos que formaron sus cuerpos.

Deportistas, jueces, entrenadores, voluntarios y miembros del comité organizador del 68 se fundieron con atletas actuales.

Atletismo tomó velocidad para encabezar el recorrido, con el inmortal Bob Beamon como estandarte y Dick Fosbury, creador del “Fosbury Flop”, aliado a su zancada.

El keniano Kipchoge Keino, oro en mil 500 metros planos, así como Robert Seagren, mandón en el salto con garrocha, robustecieron el pelotón.

Después, Klaus Dibiasi se echó un clavado de nostalgia para comandar a su comitiva, con el oro en plataforma de 10 metros como carta de presentación. Fue el turno para la nadadora Debbie Meyer, ganadora de medallas en 200, 400 y 800 metros estilo libre, “opacada” por el recuerdo de la gimnasta checa Vera Caslavska, la llamada “novia de México”.

Palmo a palmo se acercaron para darle forma a los aros olímpicos multicolores que embellecieron la tarde.
Entonces, bañados por la gloria de haber sido medallistas de oro en su país, los nadadores María Teresa Ramírez y Felipe Muñoz, así como los pugilistas Antonio Roldáno, Joaquín Rocha, Agustín Zaragoza y Ricardo Delgado portaron una manta plasmada por el emblema olímpico para cerrar el día.

 

SUN



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